¿Qué es el Avemaría?
El Avemaría es la oración más amada a Nuestra Señora en la tradición católica romana. Une las palabras del Arcángel Gabriel — «Dios te salve, llena eres de gracia, el Señor es contigo» — y el saludo de santa Isabel en la Visitación — «Bendita tú eres entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre» — con la propia súplica de la Iglesia, pidiendo a la Bienaventurada Virgen que ruegue por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
¿De dónde viene el Avemaría?
La primera mitad de la oración está tomada palabra por palabra del Evangelio de san Lucas: la salutación del ángel en la Anunciación (Lc 1, 28) y el saludo de santa Isabel en la Visitación (Lc 1, 42). La segunda mitad — la súplica «Santa María, Madre de Dios» — se desarrolló gradualmente a partir de los primeros siglos de la Iglesia y recibió su forma final en el Breviario Romano en 1568, bajo el papa san Pío V.
¿Cómo se reza el Avemaría en el Rosario?
El Santo Rosario está construido en torno al Avemaría. Cada una de las cinco decenas comienza con un Pater Noster, sigue con diez Avemarías mientras se medita un misterio de la vida de Cristo o de Su Madre, y concluye con un Gloria Patri. Rezar un Rosario completo es rezar cincuenta Avemarías — una meditación sobre toda la vida de Cristo a través de los ojos de Su Madre.
¿Por qué llamamos a María «Mater Dei» — Madre de Dios?
El título Mater Dei (Theotokos en griego) fue solemnemente definido en el Concilio de Éfeso en el año 431. No es una afirmación de que María sea la fuente de la naturaleza divina, sino la simple confesión de que Jesucristo — verdadero Dios y verdadero hombre — es una sola Persona, y María es Su Madre. Negar a María este título es, en última instancia, negar que Cristo sea Dios.
¿Qué significa «gratia plena»?
Gratia plena significa «llena de gracia». Es la salutación del ángel a María en la Anunciación en la Vulgata latina de san Jerónimo. El original griego — kecharitomene — es un participio pasivo que significa «la que ha sido colmada de gracia», un título aplicado a ninguna otra persona en la Escritura. La Iglesia siempre ha entendido que esta plenitud de gracia significa que María fue preservada de toda mancha de pecado, doctrina que llamamos la Inmaculada Concepción.